1-…aplicas la de “amor de lejos es de
pensarse” sin necesidad de salir de la Ciudad.
Del Centro Histórico al Centro de Tlalpan, por
ejemplo, o de Santa Fe a Iztapalapa: amores
imposibles.
2-…el sonido del tráfico te relaja y hasta te
arrulla por las noches, como si fueran las olas
del mar.
3-…tus conceptos de “cerca” y “lejos”
sólo son válidos dentro del DF.
4-…invertir más de 3 horas diarias
transportándote es lo más normal del mundo… y
puede que hasta se te haga poco.
5-…despotricas amargamente contra la gente del
barrio que menos te gusta (coyoacaneros, coapos,
lindavisteños, sanangelinos, polanqueros,
tlatelolcas, condechis, etc.), pero brincas feroz
a defender el honor de todos los chilangos si
alguien habla despectivamente de nosotros.
6-…desarrollas la habilidad de leer periódicos,
novelas y hasta tratados filosóficos mientras
manejas tu coche en hora pico.
7-…todas las infecciones estomacales te hacen
los mandados y ya no hay taco callejero que pueda
contigo.
8-…vives tan aprisa que si tu platillo tarda
más de 10 minutos en llegar tú te desesperas,
empiezas a sudar frío y llamas al gerente.
9-…sales al campo y ya no respiras bien por la
falta de smog.
10-…te vas a la cama cansadísimo pensando en
cuánto odias a los microbuseros cafres, al
tráfico, a los limpiavidrios, a la
contaminación, a los polis corruptos, a tus
vecinos salseros-a-todo-volumen, a los tiangueros
invadecalles, a los viene-viene, a los graffiteros
sin talento, y al DF en general… pero despiertas
y sabes que serías infinitamente miserable si te
alejaran de ésta, tu adorada Ciudad
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